La tecnología te está arruinando la vida
Antaño nos defendíamos de tigres con cortisol. Hoy ese mismo mecanismo se activa con cada notificación. Por qué tu cuerpo no ha aprendido a usar el móvil.
El estrés es la reacción que tiene tu cuerpo ante un desafío.
No digo “amenaza”, porque existe el estrés positivo y el estrés negativo.
El positivo combina esfuerzo, conocimiento especializado y entusiasmo para resolver una situación compleja.
El negativo es la respuesta interna de lucha o huida, que, si se mantiene durante un tiempo prolongado, termina causando fatiga, ansiedad, irritabilidad e ira.
Antaño teníamos millones de peligros acechándonos por todos lados. Esa respuesta del cuerpo hizo que nos mantuviéramos con vida unos días más, dándonos capacidades sobrehumanas durante pequeños lapsos de tiempo.
Hoy día hemos eliminado o controlado todos los peligros que hace apenas unos siglos evitaban que llegáramos con vida a los 70 años.
Pero, como nos gusta tirarnos piedras sobre nuestro tejado, hemos creado algo que nos controla, y provoca en nuestro mal acostumbrado cuerpo la misma respuesta.
Y no hablo ni del alcohol, ni del azúcar, ni de drogas, ni del tabaco, que también tienen lo suyo.
No, esta vez hablo de tecnología.
La tecnología como foco de estrés
En 1984, Craig Brod acuñó el término tecnoestrés como una enfermedad de adaptación causada por la falta de habilidad para tratar con las nuevas tecnologías de manera saludable, también causada por la falta de habilidad de sus usuarios.
13 años más tarde, Michelle Weil y Larry Rosen ampliaron la definición a “cualquier impacto negativo en las actitudes, los pensamientos, el comportamiento o la fisiología causado directa o indirectamente por la tecnología”.
Enfermedades modernas (como los dolores musculares, los trastornos de identidad disociativo o el insomnio) nos dicen claramente que no estamos haciendo un uso responsable de las tecnologías.
Por no hablar de la tecnoansiedad o la nomofobia, ese miedo o angustia que siente cuando sales de casa y te olvidas el móvil, o éste se está quedando sin batería impidiendo su uso.
Y si queremos ir todavía un paso más allá, está la tecnointrusión, esa invasión (normalmente en formato notificación) de la tecnología en tu vida personal.
El FOMO te lleva a querer mirar el móvil cada vez que suena la campanita, y si tienes las notificaciones desactivadas, ir a la aplicación a ver si hay algo nuevo.
El enemigo lo llevas en el bolsillo
Tu cuerpo está aquí, pero tu cabeza está pensando en el qué habrá ahí dentro.
¿Necesitas una checklist para que analices el uso que haces?
No, claro que no.
Doy por hecho de que ya eres consciente.
Pero, si quieres tomar la píldora roja, respóndete esta pregunta:
¿Sabes cuánto tiempo usas el móvil al cabo del día y cuántas veces lo desbloqueas?
- Si tienes Android ve a los ajustes y busca “Bienestar digital”. Ahí podrás ver el uso que hacer del teléfono.
- En iPhone lo encontrarás en Ajustes > Tiempo de uso.
¿Se corresponde lo que tú creías con lo que dice el teléfono?
Por cierto, en los ajustes de Android tienes también ajustes como el “Mira al frente” que te avisa cuando vas andando y mirando al móvil, desde ahí puedes reducir las notificaciones y un fantástico modo “Sin distracciones” que permiten pausar ciertas aplicaciones.